En el centro de Tesalónica, la Rotonda se distingue del ritmo cotidiano de la ciudad por el peso de una pregunta aún abierta: ¿para qué se construyó? El edificio se levantó durante el reinado del emperador romano Galerio, pero no se ha determinado si fue concebido como templo pagano o como mausoleo imperial. Esa incertidumbre forma parte de su atractivo. Su gran volumen circular atravesó cambios religiosos y políticos sin dejar una historia sencilla y lineal. Hoy reúne en un mismo entorno urbano una construcción antigua, un espacio cristiano y un importante monumento arqueológico. También conviene distinguirla del cercano Arco de Galerio: ambos pertenecen al paisaje histórico de Tesalónica, pero son edificios separados.
La Rotonda suele relacionarse con Galerio, que gobernó entre finales del siglo III y comienzos del IV. Su función original continúa en debate, y una explicación rigurosa debe conservar esa duda en vez de convertir una hipótesis en certeza. Se han propuesto tanto un templo como un mausoleo; la escala y la planta circular han alimentado distintas interpretaciones, pero las fuentes patrimoniales consultadas no ofrecen una respuesta definitiva. La incógnita no reduce la importancia del monumento. Al contrario, recuerda que la arqueología trabaja con indicios y que incluso un edificio célebre puede conservar preguntas después de siglos de estudio.