La Torre Blanca se alza junto al paseo marítimo de Tesalónica, en el punto donde las defensas del litoral se encontraban con la muralla oriental terrestre. Su ubicación explica por qué es mucho más que un monumento aislado: es una referencia habitual del frente costero y un punto de partida para comprender la transformación urbana. La torre actual data del siglo XV y reemplazó una fortificación bizantina anterior. Hoy alberga una exposición permanente sobre Tesalónica, de modo que una antigua estructura defensiva sirve también para seguir la historia de la ciudad.
Su silueta es sencilla pero reconocible: una torre circular de unos 33,9 metros de altura y 21,7 de diámetro, con planta baja y seis niveles superiores. El portal Hellenic Heritage señala que antiguamente la rodeaba un recinto exterior bajo y octogonal; el trazado de ese elemento desaparecido aún puede apreciarse en el terreno cercano. Una restauración realizada en 1985 recibió el premio Europa Nostra en 1988. Estos datos permiten leer la torre de cerca y desde el entorno: como fortaleza integrada en la muralla y como edificio reinterpretado por generaciones posteriores.