Hampi no es un monumento aislado, sino la trama que queda de una capital extendida entre colinas de granito y la cuenca del río Tungabhadra, en Karnataka. El bien de la Unesco abarca 4.187 hectáreas y reúne más de 1.600 restos registrados: templos, mercados, puertas, estructuras hidráulicas, edificios reales y defensas. Comprender esa escala es el primer paso para visitarlo. Una parada rápida permite ver el célebre carro de piedra, pero no explica cómo los espacios sagrados, la corte, el comercio, los cultivos y los depósitos de agua se articulaban en un paisaje urbano amplio.
Hampi fue la capital del Imperio Vijayanagara, cuya historia suele situarse entre los siglos XIV y XVI. Los viajeros extranjeros describieron una ciudad rica y mercados animados; los restos arqueológicos, las inscripciones y las obras hidráulicas ofrecen un registro material de esa prosperidad. El reinado de Krishnadevaraya, entre 1509 y 1530, se considera con frecuencia una etapa de gran poder y actividad constructiva. En vez de imaginar Hampi como una ciudad de palacios, conviene pensar en un sistema conectado: templos y avenidas procesionales, recintos reales, zonas comerciales y artesanales, campos y estanques sostenidos por la cuenca del río.