En la isla egea de Samotracia, el Santuario de los Grandes Dioses ocupa un valle verde e irregular cerca de la antigua ciudad de Paleópolis. No era un templo aislado, sino un recinto religioso donde terrazas, caminos, edificios y elementos naturales daban forma al acceso y la experiencia. El terreno escarpado sigue siendo parte de la visita. Al recorrer cimientos y fragmentos arquitectónicos, se aprecia cómo el santuario se adaptó a un paisaje de barrancos y cursos de agua estacionales.
En la Antigüedad, el santuario fue conocido por sus misterios, ritos de iniciación cuyas ceremonias centrales se mantenían deliberadamente reservadas a los participantes. La interpretación del museo explica etapas de iniciación y ofrendas, pero las pruebas no permiten reconstruir por completo lo que vivió cada iniciado. Aquí, interpretar con rigor también significa conservar la incertidumbre. Inscripciones, objetos votivos y edificios muestran cómo se utilizó el recinto, pero las lagunas documentales impiden afirmar que hoy conocemos todos los secretos del culto.