Dujiangyan no es una ruina que sobreviva únicamente en una placa de museo. Construido sobre el río Min, en Sichuan, hacia el año 256 antes de nuestra era, sigue formando parte de un sistema de gestión del agua que abastece a la llanura de Chengdu. La Unesco describe su diseño como una obra de ingeniería ecológica: en vez de bloquear el río con una presa convencional, aprovecha la pendiente natural y la corriente para desviar agua de riego, evacuar sedimentos y reducir el riesgo de inundaciones. Su larga vida se debe a sucesivas reparaciones y adaptaciones, no a que haya permanecido intacto durante más de dos milenios.
El bien del Patrimonio Mundial reúne el sistema hidráulico y el monte Qingcheng, una montaña sagrada taoísta situada al sur. Ambos fueron inscritos en 2000, pero son experiencias distintas y tienen condiciones de visita separadas. En Dujiangyan se observa cómo se divide y controla el agua; Qingcheng es conocido por sus templos e historia religiosa. Tener clara la diferencia ayuda a elegir la ruta y evita suponer que una entrada o una visita breve cubre los dos paisajes.