A unos 800 metros al norte de los célebres templos hindúes de Prambanan, Sewu permite leer de otra manera el mismo paisaje arqueológico. Su nombre indonesio significa «mil», aunque se estima que el complejo tuvo 249 santuarios, no literalmente mil. La denominación se vincula con la leyenda javanesa de Loro Jonggrang, pero el yacimiento resulta más interesante si se distingue la tradición de la evidencia: aquí hubo un gran santuario budista en una región donde se concentraban centros religiosos y políticos.
Sewu forma parte del conjunto de templos de Prambanan, que la Unesco incluye en su lista del Patrimonio Mundial junto con Prambanan, Lumbung y Bubrah. Los monumentos datan principalmente de los siglos VIII y IX, época en la que Java central albergó ambiciosos proyectos de arquitectura religiosa patrocinados por las cortes. La proximidad entre el Sewu budista y el Prambanan hindú llama la atención, pero no conviene convertirla en una afirmación simplista de que todas las comunidades vivían en armonía perfecta. El paisaje muestra que varias tradiciones religiosas y proyectos reales ocuparon el mismo territorio cultural.