Sobre Necropolis de Chauchilla
Una necrópolis del desierto al sur de Nasca
A unos 30 kilómetros al sur de la ciudad de Nasca, en el distrito de Vista Alegre, región Ica, la necrópolis de Chauchilla conserva un paisaje funerario, no una sola tumba monumental. El inventario turístico nacional la sitúa en la margen izquierda del río Las Trancas y describe un área arqueológica de aproximadamente dos kilómetros de largo por medio kilómetro de ancho. El trayecto deja atrás el centro urbano y las conocidas rutas de geoglifos para llegar a un entorno más silencioso, donde los testimonios principales son la arquitectura de las tumbas, los restos humanos y los objetos depositados junto a los difuntos.
A menudo se promociona Chauchilla como un “cementerio nazca”, pero esa etiqueta puede ocultar una cronología más extensa. El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú identifica en su inventario restos asociados a tres periodos: el Horizonte Medio wari, fechado allí entre 700 y 1200; el Intermedio Tardío poroma, entre 1200 y 1476; y el Horizonte Tardío inca, entre 1476 y 1534. Son las fechas del marco cultural de la ficha, no una afirmación de que cada sepultura corresponda a un solo pueblo ni de que todos los entierros se realizaran al mismo tiempo. Es mejor entender el cementerio como un espacio utilizado durante varios siglos.
Lo que cuentan las tumbas y las ofrendas
La descripción de Mincetur registra tumbas de distintos tamaños y formas, construidas con adobes rectangulares. Algunas aparecen aisladas; otras forman agrupaciones que la ficha denomina núcleos funerarios. El inventario menciona fardos con cuerpos completos y, en ciertos casos, cabello largo, trenzas, vinchas de tela y textiles. También enumera objetos y alimentos colocados en las sepulturas, entre ellos cerámica, hondas, conchas de moluscos, maíz y pallar. Estos datos convierten el recorrido en algo más que una exhibición de cuerpos conservados: señalan prácticas funerarias cuidadosas y las provisiones materiales que las comunidades consideraban importantes más allá de la muerte.
Conviene acercarse a esos hallazgos con respeto. Una ficha turística puede resumir lo documentado, pero no permite conocer la identidad ni la historia personal de cada individuo. La presencia de un objeto tampoco demuestra, por sí sola, exactamente cómo se utilizó. El valor del sitio está en evidencias que los arqueólogos pueden comparar, registrar e interpretar; la respuesta ética es reconocer a los restos humanos como personas ancestrales, no como elementos de una fotografía dramática. Quienes visitan deben permanecer en los senderos autorizados, seguir las indicaciones del personal y no tocar tumbas, fardos, textiles ni otros materiales arqueológicos.
La investigación va más allá de una etiqueta conocida
Los estudios de Chauchilla también corrigen la impresión de que todo el cementerio puede explicarse a través de una sola cultura famosa. Una investigación publicada en la revista arqueológica Ñawpa Marca analiza contextos funerarios y estructuras de tumbas, incluidas evidencias de construcción y modificaciones posteriores. La interpretación arqueológica depende de ese contexto: la relación entre un entierro, su arquitectura, los objetos asociados y la historia de alteraciones. Separar una pieza de ese conjunto puede reducir la información que los investigadores logran recuperar.
El inventario nacional describe Chauchilla como uno de los cementerios más extensos identificados en los valles de Nasca y registra labores de mantenimiento coordinadas entre la municipalidad del centro poblado Valle de las Trancas y el Ministerio de Cultura. Sus notas administrativas indican que el mantenimiento se realiza según necesidad e incluye las cubiertas de las tumbas. Ese trabajo cotidiano importa en un ambiente seco, donde el sol, el viento y el polvo exponen materiales frágiles. No es un escenario congelado: es un espacio arqueológico protegido cuya conservación y presentación dependen del cuidado local continuo.
Planifica con cuidado y confirma los datos
Los registros oficiales consultados no coinciden plenamente en los horarios. El inventario de Mincetur —cuya última intervención registrada tiene fecha 26 de noviembre de 2022— señala visitas todo el año de 8:00 a 16:00, ingreso con boleto y tarifas históricas de S/8 para adultos y S/4 para niños. Una guía de PROMPERÚ de 2023 publica otro horario: de 6:00 a 18:00. Como se trata de documentos fechados que discrepan, ninguno debe interpretarse como un horario o precio actual garantizado. Antes de viajar, confirma apertura, tarifa y medios de pago con la administración local, la municipalidad o un operador turístico autorizado y actualizado.
La misma ficha de rutas de Mincetur calcula 21 kilómetros —unos 25 minutos— desde la plaza principal de Nasca hasta el kilómetro 469 de la carretera Panamericana; los últimos siete kilómetros siguen una vía sin asfaltar, estimados en 13 a 15 minutos. Son referencias para planificar, no un parte vial en tiempo real. Un vehículo turístico o conductor local ayuda en el tramo final, y conviene prever más tiempo si el camino está irregular. Nasca funciona como base práctica para organizar transporte, guía, comida y alojamiento; el inventario ubica esos servicios en la ciudad o en Vista Alegre, no necesariamente dentro de la necrópolis.
Para comprender mejor la visita, acompaña el recorrido con un museo o guía que explique cómo se distinguen las evidencias wari, poroma e inca, sin reducir el sitio a una sola “historia de momias”. Lleva agua y protección solar, respeta los caminos señalizados y pregunta antes de fotografiar de cerca los restos humanos. Sobre todo, vuelve a comprobar el acceso poco antes de salir: las fichas oficiales sirven para orientarse, pero sus horarios diferentes demuestran por qué hay que confirmar localmente. Chauchilla recompensa a quien observa su arquitectura de adobe y su cronología por capas, y recuerda que esas tumbas son lugares de descanso de personas, no un espectáculo desértico.