El Castillo de Loarre se alza sobre la Hoya de Huesca, en Aragón, con sus muros de piedra frente a una amplia vista de campos y estribaciones. Su emplazamiento explica parte de su atractivo: no es un palacio separado del paisaje, sino un complejo defensivo cuya posición hacía de la vigilancia y la protección una necesidad. El visitante llega por el panorama y descubre dentro un monumento románico de varias etapas.
El núcleo más antiguo se remonta a las primeras décadas del siglo XI, durante el reinado de Sancho III de Pamplona, conocido también como Sancho el Mayor. La historia del lugar se relaciona con los reinos cristianos que avanzaban hacia el sur por la frontera. Su función estratégica cambió con el tiempo; por eso, el conjunto conservado debe entenderse como resultado de distintas fases, no como un castillo uniforme levantado de una vez.