Bajo la pared occidental de Ostrva, cerca de Popradské Pleso, en los Altos Tatras de Eslovaquia, un pequeño claro del bosque alberga un lugar de recuerdo, no un cementerio convencional. El Cementerio Simbólico de Popradské Pleso honra a quienes murieron en las montañas, especialmente en los Tatras, y también a personas vinculadas a la cordillera que perdieron la vida en otros lugares. El paisaje que lo rodea está directamente relacionado con el propósito del memorial.
La idea fue impulsada en la década de 1920 por el pintor checo Otakar Štáfl y el recinto se inauguró oficialmente en 1940. La Administración del Parque Nacional de los Tatras, TANAP, informa que el lugar cuenta con una capilla con campana, cruces de madera talladas vinculadas a la tradición de Detva y placas conmemorativas. El lema de la capilla, «A los muertos en memoria, a los vivos como advertencia», deja claro que el espacio honra a quienes fallecieron y pide prudencia a quienes recorren la montaña.