La estación de Rayak, en el valle de la Becá, abrió en 1895 con el ferrocarril Beirut–Damasco. Su posición convirtió el lugar en enlace entre Líbano, Siria y rutas regionales, mientras un gran complejo de talleres reparaba material rodante y fabricaba repuestos.
Una historia oficial del Ejército libanés documenta que trabajadores locales adaptaron locomotoras para pasar del carbón al combustible de petróleo. Rayak fue mucho más que un andén: era un centro industrial cuyos conocimientos mantenían activa una red internacional.