Anjar es uno de los proyectos urbanos supervivientes más reveladores del primer mundo islámico. Fundada a comienzos del siglo VIII bajo el califa omeya al-Walid I, la ciudad se trazó en una encrucijada estratégica del valle libanés de la Becá, donde las rutas conectaban Beirut con Damasco y el norte con Palestina. A diferencia de un asentamiento que creció irregularmente durante siglos, Anjar presenta una planta rectangular deliberada cuyas calles, palacios, mezquita, baños y tiendas aún pueden leerse sobre el terreno.
La UNESCO inscribió Anjar en 1984 como testimonio único del urbanismo omeya. Las excavaciones arqueológicas comenzaron recién a finales de la década de 1940 y revelaron un recinto fortificado de unos 385 por 350 metros, reforzado por aproximadamente 40 torres. Dos avenidas porticadas se cruzan junto a un tetrapilón monumental y dividen la ciudad en cuatro barrios. Los canales de drenaje bajo las calles principales muestran que la infraestructura se diseñó junto con la arquitectura ceremonial.