El Heraion de Argos se encuentra en la llanura argiva, a unos ocho kilómetros de la antigua ciudad cuya vida religiosa articuló. Dedicado a Hera, ocupaba una ladera estratégica cerca de otros centros importantes del nordeste del Peloponeso. La distancia no lo convertía en un lugar periférico: la autoridad arqueológica griega lo describe como el principal centro religioso de Argos, unido a la comunidad urbana por un camino y por desplazamientos rituales.
El entorno forma parte de la visita. El santuario se construyó en terrazas sucesivas sobre las laderas meridionales del monte Eubea, bajo su cumbre. Los cursos de agua y la llanura circundante condicionaron el acceso y el paisaje antiguo. En lugar de imaginar un templo aislado, el visitante puede leer un complejo organizado: muros de contención, escaleras, espacios abiertos y edificios respondían a la pendiente y ordenaban la llegada al recinto sagrado.