Hiraizumi es una pequeña localidad de la prefectura de Iwate con un lugar excepcional en la historia cultural japonesa. El bien inscrito por la UNESCO en 2011 se titula «Hiraizumi: templos, jardines y sitios arqueológicos que representan la Tierra Pura budista». Comprende Chūson-ji, Mōtsū-ji, los antiguos recintos de Kanjizaiō-in y Muryōkō-in, y el monte Kinkeisan. No se trata de un único recinto cerrado: los componentes se distribuyen por un paisaje en el que se relacionaron deliberadamente jardines, agua, edificios sagrados y una montaña. Comprender esa composición amplia resulta más revelador que reducir la visita al Pabellón Dorado.
La UNESCO describe Hiraizumi como centro político y administrativo del norte de Japón durante los siglos XI y XII, cuando rivalizaba con Kioto en importancia política y comercial. La familia Ōshū Fujiwara construyó templos y jardines para expresar en la tierra la Tierra Pura budista, el ámbito ideal asociado con Amida. En Hiraizumi, esa idea se unió a concepciones japonesas sobre la naturaleza y el paisaje sagrado. La ubicación de los templos, los estanques, los árboles y las vistas al monte Kinkeisan formaban parte de un mensaje religioso y político: una aspiración a la paz y al orden, no solo una demostración de riqueza.