La isla de Kotlin se encuentra en el extremo oriental del golfo de Finlandia, donde la bahía del Nevá se abre hacia el Báltico. Es pequeña —unos 15 kilómetros cuadrados—, pero su posición la hizo estratégica: aquí creció la ciudad fortificada de Kronstadt, escudo marítimo y puerto de San Petersburgo. Hoy se llega por carretera a través de la presa de protección contra inundaciones de San Petersburgo, y es posible combinar el centro histórico con fuertes costeros, museos y un parque público al aire libre. Kotlin merece una excursión de un día, aunque sus atractivos están dispersos; conviene elegir unas pocas paradas y comprobar los accesos antes de salir, en lugar de intentar visitar todos los fuertes.
La historia oficial de San Petersburgo cuenta que en 1703 llegaron a Kotlin soldados y artesanos por orden de Pedro I para construir una fortaleza y un puerto militar y comercial que protegieran la frontera marítima noroccidental de Rusia. Las primeras defensas entraron en servicio el 7 de mayo de 1704: el fuerte marítimo Kronshlot y las baterías de artillería de la isla cubrían el canal meridional que conducía al Nevá. Con el tiempo, el puerto, los muelles y los canales convirtieron a Kronstadt en una importante base naval. La fecha explica el trazado de la isla: no era un balneario organizado alrededor de una playa, sino una posición estratégica configurada por las rutas de navegación y la defensa costera.