La Fortaleza de Belgrado domina la cresta situada sobre la confluencia del Sava y el Danubio, el punto alrededor del cual creció la capital serbia. No es un castillo único conservado desde una sola época, sino un conjunto amplio: Ciudad Alta y Ciudad Baja, murallas, puertas, torres y el parque Kalemegdan. El desnivel explica buena parte de su atractivo. Desde la meseta se siguen los ríos hacia el este y el norte y se entiende por qué este alto fue importante para ejércitos, comerciantes y habitantes de la ciudad.
La Organización Nacional de Turismo de Serbia sitúa las primeras fortificaciones conocidas en época celta y menciona después un campamento permanente romano de la Legio IV Flavia en el siglo II. La posición estratégica atrajo repetidamente a gobernantes y fuerzas militares. Bizantinos, húngaros y gobernantes serbios ocuparon la fortaleza en distintos momentos; más tarde, otomanos y Habsburgo lucharon por ella y la transformaron. En vez de una secuencia limpia de estilos, el lugar conserva un palimpsesto: las murallas posteriores reutilizan trazados anteriores y cada reforma respondió a nuevas armas y fronteras políticas.