Schönbrunn no es solo un edificio majestuoso en las afueras de Viena. El palacio, los jardines formales, sus construcciones y el paisaje histórico forman un conjunto barroco reconocido por la Unesco como Patrimonio Mundial en 1996. Desde el eje central, la mirada avanza desde el palacio por los jardines hasta la Glorieta, en la colina. La relación entre arquitectura, paisaje y representación imperial es esencial para comprender la visita: los jardines no son un adorno secundario, sino parte del relato que la corte de los Habsburgo quiso proyectar.
La historia documentada de la propiedad se remonta al siglo XIV, cuando se la conocía como Katterburg. Pasó a manos de los Habsburgo en 1569, durante el reinado de Maximiliano II. El nombre Schönbrunn aparece documentado en 1642. La historia oficial del palacio señala que el descubrimiento de una fuente por el emperador Matías pertenece a una leyenda asociada con ese nombre. La distinción importa: la propiedad y su evolución arquitectónica están documentadas; la historia de la fuente se presenta como tradición, no como un episodio probado por un testimonio directo.