El ferrocarril del Semmering atraviesa un paso de montaña entre Gloggnitz, en Baja Austria, y Mürzzuschlag, en Estiria. Sus 41 kilómetros cruzan un terreno que durante mucho tiempo pareció difícil para el ferrocarril convencional. Construida entre 1848 y 1854 bajo la dirección del ingeniero Carl von Ghega, la línea se convirtió en un hito de la primera etapa ferroviaria. La Unesco la considera una solución pionera al desafío de llevar trenes por una región alpina. El trazado histórico sigue integrado en la red ferroviaria austríaca: hoy el visitante recorre a la vez una vía de transporte y un paisaje Patrimonio Mundial.
El bien de la Unesco sigue el recorrido e incluye sus principales obras y una zona de protección alrededor. No es un museo con una sola entrada ni un mirador único. La vía parte de Gloggnitz, a unos 436 metros de altitud, alcanza un punto alto cercano a los 895 metros y luego desciende hacia Mürzzuschlag. En el trayecto, los trenes atraviesan túneles y cruzan puentes de piedra y hierro, viaductos y muros de contención construidos para adaptarse a las laderas. La ingeniería se entiende paso a paso: el trazado gira, gana altura y abre repetidamente vistas sobre los valles.