En una colina sobre el río Jihlava, en Třebíč, Moravia occidental, la basílica de San Procopio forma parte de un conjunto declarado Patrimonio Mundial por la Unesco junto con el barrio judío y el antiguo cementerio judío. No son atractivos intercambiables: los tres lugares dan testimonio de comunidades judías y cristianas que compartieron la ciudad desde la Edad Media hasta el siglo XX. La basílica nació como iglesia de un monasterio benedictino y destaca por su singular arquitectura románico-gótica. Su posición sobre el antiguo barrio judío hace que el recorrido entre ambos sitios sea clave para entender el patrimonio.
La Unesco fecha la basílica a comienzos del siglo XIII y la describe como parte de un monasterio benedictino. La ficha municipal sitúa la fundación del monasterio en 1101 y señala que la basílica se construyó entre 1240 y 1260. Fue iglesia conventual dedicada a la Asunción de la Virgen María; el nombre de basílica de San Procopio se difundió después, cuando el edificio recuperó su función religiosa. Estos cambios de institución y advocación son parte de su historia, por lo que el nombre actual no debe ocultar el antiguo contexto monástico. Las fuentes checas suelen describir el templo como románico-gótico: conviven formas románicas con soluciones y detalles góticos. La transición se aprecia en la escala y en la estructura del edificio, no en un único elemento ornamental. La página oficial de la ciudad lo llama basílica de tres naves, mientras que la Unesco destaca su lugar entre los primeros ejemplos de influencia arquitectónica de Europa occidental en Europa central. Quien tenga interés en la arquitectura puede fijarse en la relación entre volúmenes, vanos y bóvedas, sin reducir el monumento a una sola etiqueta estilística.