El Istmo de Curlandia es una larga y estrecha península de arena entre el mar Báltico y la laguna de Curlandia. La Unesco describe el conjunto geográfico con unos 98 kilómetros de longitud y una anchura de entre 0,4 y 4 kilómetros. Es un paisaje cultural transfronterizo: la parte norte pertenece a Lituania y la parte sur a la Federación de Rusia. Este artículo se refiere al Parque Nacional del Istmo de Curlandia en Lituania, donde se encuentra Nida. La diferencia importa: “Istmo de Curlandia” nombra el paisaje completo y el parque es una de las áreas protegidas que lo integran. El visitante descubre un lugar formado por fuerzas naturales y por generaciones que aprendieron a convivir con una costa móvil.
El viento y las olas modifican continuamente la península, pero sus dunas y bosques actuales también cuentan una historia de intervención humana. La Unesco señala que el poblamiento se remonta a la prehistoria y que la supervivencia del paisaje ha dependido de esfuerzos sostenidos contra la erosión. En ciertos periodos, la deforestación intensificó el avance de la arena; las dunas cubrieron asentamientos y desplazaron comunidades. Más tarde, los trabajos de fijación y reforestación volvieron a cambiar el equilibrio. No es una simple pugna entre personas y naturaleza: la habitación, la pesca, la gestión forestal y la conservación han dado forma a esta franja, que continúa evolucionando.