A unos 35 kilómetros al noroeste de Vilna, el sitio arqueológico de Kernavė se extiende junto a una curva del río Neris. Allí, un conjunto de cinco elevaciones verdes se alza sobre el valle de Pajauta. El paisaje impresiona, pero su valor no es solo escénico. Los fuertes, los restos de asentamientos y los espacios funerarios conservan un registro excepcionalmente largo de la vida humana en el Báltico oriental. La UNESCO describe evidencias de unos diez mil años y una superficie protegida de 194,4 hectáreas.
Kernavė se entiende mejor como un paisaje y no como las ruinas de un único castillo. Los senderos recorren laderas abiertas y conectan las elevaciones, mientras que el valle conserva huellas de asentamientos y de distintas formas de ocupar el terreno. La ubicación de los montículos cuenta parte de la historia: las comunidades eligieron el valle fluvial, se establecieron en torno a él y más tarde fortificaron las alturas. Desde allí, la vista del Neris ayuda a comprender la importancia del relieve y el agua.