Takht-e Soleyman se alza en una llanura apartada de la provincia iraní de Azerbaiyán Occidental, entre montañas volcánicas y campos de altura. Su nombre suele traducirse como «Trono de Salomón», pero esa denominación pertenece a tradiciones posteriores y no debe confundirse con la identidad histórica antigua del lugar. La Unesco describe un conjunto arqueológico cuyo simbolismo está estrechamente unido al fuego y al agua. No es simplemente un grupo de ruinas: el lago, las montañas, las fortificaciones y los edificios ayudan a explicar por qué la gente regresó durante siglos.
En el centro se encuentra una plataforma ovalada fortificada que se eleva unos 60 metros sobre la llanura. La Unesco calcula que mide aproximadamente 350 por 550 metros y señala que dentro del recinto se encuentran un lago artesiano, un templo del fuego zoroástrico, otro dedicado a Anahita y los restos de un santuario real sasánida. El agua brota naturalmente y contribuyó a definir el significado del lugar. La cuenca y sus edificios permiten comprender cómo se organizó la arquitectura ritual alrededor de un elemento poderoso del paisaje.