“Valle de Katmandú” puede sonar como una sola atracción, pero el bien de la Unesco es serial: reúne siete zonas monumentales separadas por el valle. Tres son centros urbanos históricos: la plaza Durbar de Hanuman Dhoka, en Katmandú, y las plazas Durbar de Patan y Bhaktapur. Las otras cuatro son conjuntos religiosos: las estupas de Swayambhu y Bauddhanath, el recinto de Pashupati y Changu Narayan. Cada lugar tiene un entorno, una gestión y unas condiciones de visita propias; conocer uno no significa haber recorrido los demás.
La Unesco inscribió el conjunto en 1979 por la amplitud de sus logros históricos y artísticos. Su arquitectura abarca plazas palaciegas, patios de templos, estupas y tejidos urbanos tradicionales. Los tejados de pagoda, los muros de ladrillo, las puertas y vigas de madera tallada y los adornos metálicos no son solo un estilo decorativo: reflejan tradiciones constructivas locales y una larga relación entre las prácticas religiosas y la vida urbana. Las siete zonas, vistas en conjunto, cuentan una historia más amplia que cualquier plaza famosa por sí sola.