Al suroeste de Cuernavaca, Xochicalco se extiende sobre varios cerros cerca de Miacatlán, en Morelos. Su nombre suele traducirse del náhuatl como “en el lugar de la casa de las flores”, y el sitio se entiende mejor como una ciudad planificada que como una sola pirámide. Murallas, accesos defendidos, terrazas y plazas monumentales transforman la ladera en un paisaje arquitectónico. La UNESCO lo describe como un notable centro político, religioso y comercial fortificado del Epiclásico, aproximadamente entre 650 y 900 d. C.
El INAH sitúa Xochicalco a unos 38 kilómetros al suroeste de Cuernavaca y describe un asentamiento que modificó tres cerros y los conectó mediante terrazas. La elevación más alta se convirtió en el núcleo de la ciudad. Allí se niveló el terreno para levantar plazas, templos, edificios administrativos y residencias, mientras los accesos restringidos y pasajes defensivos permitían controlar el movimiento. El bien de la UNESCO abarca 707,65 hectáreas: la zona arqueológica va más allá de los edificios ceremoniales que aparecen en las fotografías.