Sobre Museo Hermitage
Al cruzar la plaza del Palacio hacia el Museo Estatal del Hermitage, el visitante encuentra primero una fachada antes que una galería: el largo Palacio de Invierno, verde y blanco y con detalles dorados, fue la residencia principal de los gobernantes de Rusia. Hoy constituye el centro de uno de los grandes complejos museísticos del mundo, junto al río Nevá. Su escala puede impresionar, pero se entiende mejor como la unión de varias historias: una colección imperial, un conjunto palaciego y una institución pública instalada en edificios que tuvieron otros usos.
El museo sitúa su fundación en 1764, cuando la emperatriz Catalina II adquirió en Berlín una colección de pinturas del comerciante Johann Ernst Gotzkowsky. Las obras se guardaron inicialmente en unas salas junto al palacio, en un retiro privado llamado Hermitage, nombre asociado con la vida apartada. Catalina amplió la colección mediante compras y donaciones, y los soberanos posteriores continuaron incorporando piezas. En 1852, el Nuevo Hermitage abrió como museo público y permitió acercarse a una colección que hasta entonces había estado reservada, en gran medida, a la corte y sus invitados.
Mucho más que el Palacio de Invierno
El Complejo Principal del Museo reúne el Palacio de Invierno y edificios históricos vecinos a lo largo del malecón del Palacio. La lista oficial incluye el Pequeño Hermitage, el Hermitage Antiguo, el Nuevo Hermitage y el Teatro del Hermitage. Al otro lado de la plaza del Palacio se encuentra también el edificio del Estado Mayor, cuya fachada curva mira hacia el palacio. Estos lugares no comparten necesariamente entrada ni horario: no hay que dar por hecho que una entrada cubre todas las sedes, exposiciones temporales o visitas guiadas.
La arquitectura cuenta parte de la historia de la colección. El Palacio de Invierno se construyó en el siglo XVIII como residencia imperial; otros edificios posteriores se diseñaron para albergar colecciones en expansión y las funciones del museo. Al pasar de uno a otro, se atraviesan salones ceremoniales y galerías, y se cruza una plaza que sigue siendo uno de los espacios públicos más representativos de San Petersburgo. El museo conserva más de tres millones de objetos —desde hallazgos arqueológicos y monedas hasta pinturas, esculturas, dibujos y artes decorativas—, aunque solo una parte puede exponerse a la vez.
En lugar de intentar «verlo todo», conviene elegir algunos intereses antes de entrar. El Hermitage es conocido por la pintura y la escultura europeas, pero sus fondos abarcan mucho más. La información oficial describe piezas de numerosos periodos y regiones, y el catálogo digital permite localizar obras o salas antes de la visita. Trazar una ruta resulta especialmente útil: las dimensiones del conjunto, las escaleras y las galerías pueden convertir una parada breve en una jornada completa.
De colección privada a museo público
La primera adquisición de Catalina no creó un museo terminado, sino que dio inicio a un proyecto de coleccionismo. La galería creció a medida que la emperatriz compraba importantes colecciones europeas y consultaba a artistas, diplomáticos y especialistas. Con los soberanos posteriores, el conjunto adquirió carácter de museo palaciego; la apertura al público de 1852 permitió contemplar objetos antes vinculados a la vida de la corte. El propio museo toma 1764 como año fundacional y celebra el aniversario el 7 de diciembre, día de Santa Catalina.
Los edificios también reflejan la historia política de la ciudad. El Palacio de Invierno fue una residencia real activa antes de integrarse en el complejo museístico, y la plaza que lo rodea ha sido escenario tanto de ceremonias y cambios históricos como de la vida cotidiana. Por eso, la visita recorre algo más que interiores ornamentados: muestra cómo se reunieron las colecciones, cómo se reutilizó la arquitectura imperial y cómo un palacio se convirtió en una institución cultural abierta mediante entradas.
Conviene distinguir entre la magnitud de los fondos y lo que se exhibe. El museo informa que conserva más de tres millones de objetos, pero esa cifra incluye piezas que no están expuestas de forma permanente. Las exposiciones temporales rotan, algunas salas pueden cerrar y las distintas sedes —entre ellas el edificio del Estado Mayor— tienen programas propios. Consulta la página oficial de visitantes poco antes de ir y utiliza el plano vigente, no un itinerario antiguo de salas.
Cómo planificar la visita con responsabilidad
Según la información oficial consultada el 3 de octubre de 2026, el Complejo Principal abre los martes, viernes y sábados de 11:00 a 20:00, y los miércoles, jueves y domingos de 11:00 a 18:00; cierra los lunes. Las taquillas dejan de funcionar una hora antes del cierre. El precio y las condiciones dependen de la sede y la categoría del visitante: compra por los canales oficiales y revisa los requisitos del edificio o exposición que quieras visitar. El museo recomienda evitar vendedores no autorizados.
Reserva varias horas, lleva calzado cómodo y decide de antemano qué edificios te interesan más. La plaza del Palacio sirve como punto de referencia; el sitio oficial publica entradas vigentes, transporte y cierres temporales. La información de viaje, sin embargo, es independiente del acceso al museo: el 3 de octubre de 2026, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico desaconsejaba todo viaje a Rusia. Esa advertencia se dirige a viajeros del Reino Unido; quienes tengan otra nacionalidad también deben revisar las recomendaciones de su gobierno, los requisitos de entrada y la viabilidad del trayecto. El Hermitage permite recorrer el arte y la historia imperial de San Petersburgo, pero una visita responsable empieza por consultar la información actual, no por suponer que los accesos y recorridos de un museo famoso siguen iguales.