Desde la acera de West 49th Street, el Ambassador Theatre parece uno más de los teatros de Broadway en Midtown Manhattan. Su rasgo singular se descubre mejor por dentro: el auditorio atraviesa en diagonal un solar estrecho, una solución deliberada para acomodar el mayor número posible de butacas. La organización Shubert identifica al arquitecto Herbert J. Krapp como su diseñador y señala que el edificio es un monumento protegido de la ciudad de Nueva York. Abrió en 1921 y continúa activo como teatro de Broadway.
Ese contraste entre una fachada urbana discreta y un interior diferente hace que el Ambassador sea más que una dirección asociada a un espectáculo. Su historia también muestra cómo los teatros neoyorquinos se adaptaron a públicos y negocios del entretenimiento cambiantes. La función ofrece la experiencia inmediata; conocer la distribución y los usos pasados añade otra dimensión a la visita.