Minsk es más que la capital administrativa de Bielorrusia: su historia aparece en sucesivas capas, incluso allí donde las guerras y las reconstrucciones alteraron las calles. Las fuentes históricas bielorrusas registran la primera mención cronística de la ciudad en 1067, en relación con los combates cerca del río Nemiga. En documentos antiguos aparecen formas como Menesk o Mensk, mientras que Minsk es la grafía moderna habitual en inglés y en otros idiomas. Esa referencia temprana abre un relato muy anterior a las grandes avenidas y edificios cívicos actuales.
Durante la Edad Media, el asentamiento se desarrolló en tierras del principado de Pólotsk y posteriormente del Gran Ducado de Lituania. Un hito importante para la vida urbana llegó en 1499, cuando Minsk recibió los derechos de Magdeburgo, un régimen de autogobierno municipal. Los estudios históricos bielorrusos advierten que no debe imaginarse que una sola carta transformó de inmediato la forma de la ciudad: el privilegio se integró en un proceso urbano más largo. Aun así, ayuda a entender el papel del centro como lugar de comercio, administración e instituciones cívicas.