El castillo de Mir se encuentra en la pequeña localidad homónima, al oeste de Bielorrusia y a unos 90 kilómetros al suroeste de Minsk. El bien inscrito por la Unesco es más que una fortaleza de ladrillo fotogénica: el conjunto incluye el castillo y su entorno, con huellas de distintos propietarios, etapas arquitectónicas y diseños del paisaje. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XV o comienzos del XVI, cuando la familia Ilyínich empezó a construir una residencia fortificada. La Unesco lo describe como un castillo centroeuropeo excepcional, en el que se combinan influencias góticas, renacentistas y barrocas. Esa mezcla se aprecia en las torres y murallas, así como en los terrenos que se fueron desarrollando alrededor de la fortaleza.
La ubicación dentro de la localidad permite acercarse al monumento como parte de un asentamiento real y no como una ruina aislada. La visita puede enlazar el foso, las murallas defensivas, la torre de acceso, el patio y los restos de instalaciones señoriales posteriores. El museo oficial describe un conjunto más amplio que incluye una capilla-mausoleo, una casa de guardia, ruinas de un palacio posterior, un pabellón, una capilla junto al camino, un parque paisajístico inglés con estanque, restos de un jardín italiano y terraplenes defensivos. No todas las estructuras están igualmente completas, y el recinto no debe imaginarse como una instantánea medieval intacta. Sus diversas capas hacen de Mir una guía de la historia arquitectónica bielorrusa.