El castillo de Loevestein se levanta en el paisaje fluvial de los Países Bajos, entre los ríos Mosa y Waal, dentro de la histórica región llamada Vestingdriehoek. Su ubicación no es solo pintoresca: el tráfico fluvial y el control de los cruces determinaron su función inicial. El museo sitúa el comienzo de la construcción alrededor de 1360, cuando el caballero Dirc Loef van Horne empezó a levantar aquí un castillo. Según el relato oficial, impuso un peaje fluvial ilegal para financiar las obras; el negocio prosperó, pero terminó costándole el castillo cuando intervino el conde de Holanda.
Durante más de seis siglos, Loevestein pasó de fortaleza medieval a puesto militar, prisión estatal y museo. En 1572, los mendigos del mar neerlandeses tomaron el castillo; más tarde, Guillermo de Orange ordenó reforzar sus defensas. Murallas y foso rodearon un poblado para soldados, primero con barracones de madera y después con casas de piedra. Las salas del castillo se reutilizaron como celdas para prisioneros políticos y religiosos, no como cárcel ordinaria. Esa diferencia importa: la historia penitenciaria de Loevestein refleja conflictos de autoridad y creencias en la República neerlandesa.