En la plaza Dam, el Palacio Real de Ámsterdam puede parecer una residencia real cerrada al público, pero su propósito inicial fue cívico. La construcción de un nuevo ayuntamiento comenzó en 1648, cuando la ciudad se encontraba en el apogeo de su poder comercial. El arquitecto Jacob van Campen diseñó un edificio clasicista monumental que presentaba Ámsterdam como una urbe próspera, ordenada e influyente. El Archivo Municipal recuerda que sus contemporáneos lo llamaron la «octava maravilla»; era una expresión retórica, pero transmite la ambición del proyecto.
El edificio no se concibió inicialmente como hogar de la realeza. Durante alrededor de siglo y medio funcionó como ayuntamiento, sede de instituciones cívicas y oficinas del gobierno municipal. El Archivo Municipal señala que la nueva casa consistorial estaba lista para inaugurarse en 1655, aunque las obras y la decoración continuaron después. Su ubicación en la plaza Dam la convirtió tanto en centro de la vida municipal como en una declaración arquitectónica. Este pasado ayuda a leer los grandes salones: antes de ser espacios de recepción real, se crearon para la ciudad y sus instituciones.