El centro histórico de Puebla no es un monumento aislado tras una puerta, sino el núcleo urbano de una capital estatal habitada. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señala que la fundación de la ciudad se atribuye tradicionalmente al 16 de abril de 1531, aunque su establecimiento formal ocurrió el 29 de septiembre de ese año. La traza colonial fue creciendo como una red de calles, iglesias, edificios civiles, viviendas y plazas públicas. Recorrer el centro significa pasar por lugares que todavía se usan para trabajar, rezar, comprar y reunirse, no solo atravesar un conjunto conservado para turistas.
La Zona de Monumentos Históricos fue decretada el 18 de noviembre de 1977 y el centro histórico se incorporó a la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco el 11 de diciembre de 1987. El INAH describe la zona como una de las más extensas de América Latina. El reconocimiento internacional responde a la combinación de planeación urbana, arquitectura religiosa y civil y tradiciones artísticas locales. También ayuda a comprender por qué Puebla es más que una sucesión de fachadas fotogénicas: su relevancia está en las relaciones entre edificios, calles y episodios históricos.