Cantona se asienta sobre un áspero campo volcánico, un malpaís entre las tierras altas del centro de México y el golfo de México. En vez de evitar el terreno irregular, sus habitantes lo transformaron en una ciudad fortificada de terrazas, conjuntos residenciales amurallados, plazas y calles conectadas. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la describe como un importante centro prehispánico que controló una ruta comercial entre el altiplano y la costa. Cantona no es una sola pirámide ceremonial: su rasgo distintivo es una trama urbana extendida por un paisaje amplio y difícil.
El INAH calcula alrededor de 4.000 calles interconectadas. Los arqueólogos han documentado al menos 2.700 unidades habitacionales en el sector sur, la parte más estudiada, y estiman que Cantona pudo albergar unas 7.500 viviendas y algo más de 90.000 habitantes. Son estimaciones arqueológicas extrapoladas a partir de áreas estudiadas, no un censo completo. Muchas casas estaban dentro de conjuntos cerrados por muros perimetrales; su tamaño y distribución variaban, lo que refleja diferencias de rango y la organización de la vida cotidiana.