Delfos ocupa una ladera escarpada del monte Parnaso, entre las imponentes rocas Fedríades y sobre el golfo de Corinto. El paisaje no es un detalle secundario: terrazas, templos y tesoros se adaptaron a la pendiente, que marcaba tanto el ascenso como las vistas. La UNESCO describe Delfos como un santuario panhelénico donde hablaba el oráculo de Apolo y donde, según la tradición, se encontraba el ónfalo o “ombligo del mundo”. El conjunto arqueológico ingresó en la Lista del Patrimonio Mundial en 1987.
Según la UNESCO, el santuario y el oráculo comenzaron a desarrollarse en el siglo VIII a. C.; su influencia religiosa y política se amplió en el VI a. C. Peregrinos de todo el mundo griego y de regiones más lejanas acudían a consultar a la Pitia, sacerdotisa de Apolo. Las historias sobre el centro del mundo y las águilas de Zeus pertenecen al mito; la importancia histórica también se aprecia en edificios y ofrendas dedicados por ciudades y gobernantes que buscaban el favor divino.