El Arco de Santa Catalina cruza la Quinta Avenida Norte, conocida también como Calle del Arco, en pleno centro histórico de Antigua Guatemala. Su silueta amarilla, el reloj y la perspectiva del volcán de Agua lo han convertido en una de las imágenes más reconocibles del país. Sin embargo, nació como una solución práctica para la vida conventual, no como un monumento destinado al turismo.
En 1693, el convento de Santa Catalina Virgen y Mártir solicitó autorización para construir un paso elevado sobre la calle. La obra, terminada hacia 1694, comunicaba el convento con dependencias situadas en la manzana opuesta. Así, las religiosas de clausura podían desplazarse entre ambos edificios sin exponerse al espacio público ni quebrantar las reglas de su comunidad.