Copán suele presentarse a través de sus piedras talladas, pero el parque arqueológico es mucho más que una galería de monumentos. En el valle de Copán, en el occidente de Honduras, creció un centro político, cívico y religioso que llegó a ser una de las principales ciudades mayas del periodo Clásico. Sus plazas, templos, juego de pelota y Acrópolis conservan huellas de distintos gobernantes y de la vida pública; la escultura muestra cómo la ciudad representaba la autoridad. La visita gana profundidad cuando se recorren los espacios con calma: en vez de tratar cada estela como una parada para una foto, conviene seguir la disposición del conjunto y preguntarse cómo una comunidad hizo visible su capital en piedra.
La Unesco sitúa hacia 1500 a. C. las primeras evidencias de población en el valle de Copán. La migración maya-cholana a la zona se fecha alrededor del año 100 d. C., mientras que la llegada del gobernante K’inich Yax K’uk’ Mo’ en 427 marca el inicio de una dinastía que la Unesco cuenta en dieciséis gobernantes. Durante el periodo Clásico, aproximadamente entre 300 y 900, Copán se convirtió en centro político y foco cultural de un territorio más amplio del sureste maya. No fue una historia de ascenso lineal: cada generación construyó sobre un paisaje previo y dejó monumentos que relacionaban el poder del presente con sus antecesores.