La fortaleza de Diyarbakır se entiende mejor como parte de una ciudad habitada. Sus murallas de basalto oscuro bordean Sur, el núcleo histórico de Diyarbakır, en el sureste de Turquía, mientras el río Tigris y los verdes jardines de Hevsel se extienden al pie del escarpe. La propiedad reconocida por la Unesco enlaza ese paisaje con İçkale, la Ciudadela Interior, y el montículo de Amida. No es un monumento aislado, sino un conjunto de defensas, barrios, tierras cultivadas y río que se explica en relación.
La Unesco cifra en 5,8 kilómetros la longitud de las murallas y señala sus torres, puertas, contrafuertes y 63 inscripciones. Esta descripción es más sólida que los superlativos turísticos que las proclaman las más antiguas o altas del mundo. Las fortificaciones fueron reparadas y modificadas durante siglos; su valor reside en esa historia acumulada, visible en la piedra y en las inscripciones, no en atribuir toda la obra a una única dinastía.