Balankanché, a unos seis kilómetros al este de Chichén Itzá, en Yucatán, es una cueva caliza utilizada como lugar ceremonial por antiguas comunidades mayas. Sus cámaras contienen estalactitas, elementos construidos, cerámica y depósitos rituales que conectan el paisaje subterráneo con la geografía sagrada de una de las grandes ciudades regionales. En septiembre de 2026, el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, INAH, señala que el sitio está temporalmente cerrado. No se debe planificar el ingreso hasta que el INAH publique su reapertura.
El INAH traduce el nombre como “Trono del Jaguar”. La cueva llegó al conocimiento de los investigadores modernos en 1932, pero el hallazgo decisivo se produjo el 15 de septiembre de 1959, cuando el guía local José Humberto Gómez advirtió que un supuesto cierre natural ocultaba cámaras adicionales. Más allá había objetos rituales conservados en su lugar, ofreciendo a los arqueólogos un raro registro contextual y no una colección retirada mucho antes de documentarse.