En la bahía del lago Titicaca, cerca de Puno, las islas flotantes de los Uros no son islas naturales ni un museo al aire libre. Son plataformas habitadas, construidas con totora, una planta que crece en los alrededores del lago, y mantenidas por las personas que viven allí. El entorno es extraordinario, pero la mejor forma de comprenderlo es como un lugar de residencia y trabajo, además de destino para visitantes. A través del turismo comunitario, algunas familias reciben viajeros para explicar el uso de la planta y la vida cotidiana adaptada a un ambiente lacustre situado a unos 3.810 metros sobre el nivel del mar.
La totora forma mucho más que la superficie bajo los pies. Se utiliza para construir las islas, fabricar embarcaciones y elaborar otros elementos domésticos. El portal turístico municipal de Puno explica que los residentes construyen y cuidan las islas; la base de datos de pueblos indígenas del Ministerio de Cultura del Perú también registra el manejo de la totora como parte del patrimonio uro. Las capas de la planta requieren atención y mantenimiento, de modo que estas plataformas no son restos inmóviles, sino espacios construidos cuya forma depende de conocimientos que siguen aplicándose. Su aspecto puede cambiar cuando las comunidades reparan, amplían o reorganizan los lugares que utilizan.