La Petatera no es un estadio permanente. Cada año, Villa de Álvarez, en el estado mexicano de Colima, levanta esta plaza temporal para las Fiestas Charrotaurinas y la desmonta cuando termina la temporada. Esa presencia cambiante forma parte de su atractivo: el visitante encuentra una construcción concebida para un momento concreto del calendario local, no un monumento abierto a diario. La Petatera se integra en una celebración viva que puede reunir actos religiosos, cívicos y populares; la plaza es una expresión de esa tradición más amplia.
El nombre procede de los petates, esteras tejidas que cubren partes de la estructura. El inventario cultural de la Secretaría de Cultura de México describe un ensamblaje realizado con otates, maderas regionales y amarres de fibra de ixtle. En lugar de depender de una armazón permanente convencional, los constructores encajan y atan componentes para levantar la plaza, utilizarla y desmontarla. Estos materiales no son un adorno añadido al diseño: son los medios prácticos que hacen posible la obra y explican por qué su construcción depende de conocimientos transmitidos de una temporada a otra.