Al suroeste de Pénjamo, en las estribaciones de la sierra del mismo nombre, Plazuelas se extiende sobre tres laderas separadas por dos barrancas. Su interés no depende de una pirámide aislada que domine una explanada, sino de la manera en que edificios, plazas y caminos se ajustan al terreno. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sitúa la ocupación del sitio entre 450 y 900 d. C. El paisaje conserva huellas de una sociedad regional compleja del primer milenio, cuando en Guanajuato convivían comunidades de tradiciones culturales distintas.
La descripción actual del INAH identifica siete edificios distribuidos entre las laderas. En el sector oriental se encuentran construcciones como El Cajete, un edificio circular que especialistas relacionan con tradiciones arquitectónicas conocidas en Teuchitlán, Jalisco. La ladera central fue modificada para crear una amplia explanada, donde se levanta el conjunto de Casas Tapadas sobre una plataforma. No son monumentos independientes: las barrancas, las pendientes y el agua del manantial que alimenta el arroyo Agua Nacida ayudan a explicar por qué el asentamiento se organizó siguiendo el relieve.