La residencia de montaña de Chengde no fue simplemente un jardín al que los emperadores Qing escapaban del calor de Pekín. Construido entre 1703 y 1792, el conjunto funcionó como corte estacional, centro administrativo y escenario diplomático. Está en la provincia de Hebei, a unos 350 kilómetros al norte de Pekín. Desde allí los emperadores pasaban el verano y el otoño cerca de la frontera septentrional, atendían asuntos de Estado y recibían a dirigentes mongoles y de otras regiones, además de enviados extranjeros. Los templos de los alrededores formaban parte de ese paisaje político. Conviene leer Chengde como un punto de encuentro planificado entre naturaleza, ritual imperial y gobierno de un Estado multiétnico.
La Unesco inscribió la residencia de montaña y sus templos exteriores en 1994. El bien ocupa 611,2 hectáreas y se describe como el mayor complejo imperial de palacios, jardines y templos que se conserva en China. Su escala puede sorprender a quien espere encontrar un único palacio principal: la residencia reúne edificios administrativos y ceremoniales, jardines, agua, pastizales y bosque; fuera de la zona ajardinada, doce templos imperiales se distribuyen por las colinas orientales y septentrionales. Son parte del patrimonio, pero constituyen destinos distintos, con rutas y condiciones de visita propias.