Al suroeste de Pekín, Longgushan —la Colina de los Huesos de Dragón— conserva uno de los registros arqueológicos más influyentes sobre la vida humana temprana en Asia oriental. El conjunto de Zhoukoudian incluye varias localidades con fósiles en cuevas y fisuras calizas; no se limita a una cámara aislada. La Unesco sitúa el sitio a unos 42 kilómetros del centro de Pekín y describe hallazgos de una larga secuencia prehistórica. El paisaje importa: las cuevas, el agua y la transición entre la llanura del norte de China y las montañas Yanshan favorecieron ocupaciones en distintos momentos.
Las investigaciones científicas comenzaron a principios del siglo XX, cuando la recolección de fósiles y los estudios geológicos dirigieron la atención hacia la colina. Las excavaciones de las décadas de 1920 y 1930 sacaron a la luz dientes y, en 1929, un cráneo parcial de gran importancia, hallado por el paleontólogo chino Pei Wenzhong. Los restos se atribuyeron a Homo erectus pekinensis, conocido en inglés como Peking Man u Hombre de Pekín. No constituyeron un único «eslabón perdido», sino la base para investigar variación, comportamiento y poblaciones humanas que habitaron la región.