El santuario de Jongmyo ocupa un recinto amurallado y arbolado en el centro de Seúl, aunque su ambiente contrasta con las calles que lo rodean. No es un palacio ni una tumba real: es el santuario confuciano donde se custodian las tablillas ancestrales de los reyes y reinas de Joseon y, más tarde, de los emperadores y emperatrices coreanos. Allí se celebraban ceremonias de Estado. Sus edificios y patios se concibieron para el rito, las procesiones y el recuerdo solemne, no para la vida doméstica.
La dinastía Joseon fundó Jongmyo en 1395, tres años después de su establecimiento y durante la organización de la nueva capital en Hanyang, la actual Seúl. Su emplazamiento siguió un principio confuciano: el santuario ancestral debía quedar a la izquierda del palacio y el altar estatal, a la derecha. Así, la ubicación expresaba el orden moral y político del nuevo reino. El culto a los antepasados también tenía un propósito concreto: preservar la continuidad entre generaciones mediante ceremonias prescritas.