El valle del Vézère, en el departamento francés de Dordoña, es conocido internacionalmente por Lascaux, pero el bien inscrito en la lista del Patrimonio Mundial abarca mucho más que una cueva. Se trata de un conjunto seriado de 15 sitios prehistóricos dentro de un paisaje rural de meandros, acantilados de caliza, abrigos rocosos y asentamientos. La UNESCO describe en el valle más amplio 147 yacimientos prehistóricos y 25 cuevas decoradas, con evidencias de actividad humana desde hace unos 400.000 hasta 10.000 años. Esta escala cambia la manera de planear la visita: Lascaux es un comienzo extraordinario, no un sustituto de la región que la rodea.
El Vézère atraviesa el Périgord, en el suroeste de Francia, y serpentea entre escarpes de piedra caliza. La presentación arqueológica del Ministerio de Cultura francés explica que la erosión formó repisas y abrigos en los acantilados, mientras que la geología kárstica originó cuevas. Esos elementos ofrecieron distintos espacios para vivir, realizar actividades y crear imágenes durante largos periodos. La arqueología no se limita a las paredes pintadas: el bien de la UNESCO reúne cuevas, lugares funerarios, talleres, zonas de extracción de materias primas, hábitats y sitios de caza, un conjunto que permite estudiar la relación cambiante entre las personas y el paisaje.