En la costa sureste de Dinamarca, Stevns Klint no es solo un acantilado blanco frente al mar. Sus estratos conservan pruebas de un momento decisivo de la historia terrestre: el impacto relacionado con la extinción masiva del final del Cretácico y la recuperación posterior de la vida marina. El bien inscrito por la UNESCO recorre unos 15 kilómetros de litoral rico en fósiles. Se puede conocer desde miradores y senderos, pero la visita cobra sentido cuando se observa el paisaje como un archivo geológico y no como un simple decorado.
La UNESCO incorporó Stevns Klint a la Lista del Patrimonio Mundial en 2014 por su excepcional valor geológico. El acantilado expone una sucesión de capas de creta y caliza, entre ellas una delgada franja asociada al impacto de Chicxulub. El asteroide cayó cerca de la península mexicana de Yucatán; la costa danesa no fue el lugar del impacto, pero sus sedimentos conservan materiales vinculados con el acontecimiento y una secuencia fósil que permite estudiar qué organismos desaparecieron, cuáles sobrevivieron y cómo se diversificaron después las comunidades marinas. Las fuentes sitúan el episodio hace aproximadamente entre 65 y 66 millones de años: es una escala geológica aproximada, no una fecha exacta.