La garganta del Rin no es un único mirador, sino un paisaje cultural de unos 65 kilómetros entre Bingen, Rüdesheim y Coblenza. El tráfico fluvial, los pequeños pueblos, los viñedos en laderas empinadas y las fortificaciones sobre las colinas ocupan el mismo corredor estrecho. El Valle del Rin Medio Superior ingresó en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2002 porque su paisaje muestra siglos de intervención humana con tanta claridad como su geología. En torno a Sankt Goar, el río serpentea bajo ruinas de castillos y terrazas, y la localidad sirve de punto de partida para comprender cómo paisaje, comercio y asentamiento quedaron unidos.
Durante milenios, el Rin conectó el norte y el sur de Europa. La UNESCO lo describe como una vía de transporte por la que circularon mercancías e influencias culturales, y que favoreció el crecimiento de poblaciones a lo largo de sus orillas. El bien inscrito se extiende unos 65 kilómetros desde la Puerta de Bingen hasta la Puerta de Lahnstein e incluye alrededor de 60 pueblos y localidades. Por eso, reducir el viaje a «Loreley» deja fuera buena parte del lugar: el patrimonio reside en la relación entre río, asentamientos, rutas, agricultura y arquitectura defensiva.