Al otro lado del foso marino que la separa de la Spianada de Corfú, la Antigua Fortaleza se levanta sobre una península rocosa junto al casco histórico. Su silueta parece una puerta monumental al pasado de la isla, pero no es un monumento detenido en una sola época. En el promontorio conviven fortificaciones bizantinas, ingeniería veneciana, una iglesia de la etapa británica y edificios que hoy usan instituciones públicas. La ficha oficial de Hellenic Heritage presenta una fortaleza transformada por siglos de conflictos y cambios de gobierno; la Unesco la integra en el paisaje portuario fortificado de Corfú. El paseo permite mirar más allá de la postal y reconocer las capas militares, cívicas y culturales que aún se conservan entre sus muros.
La forma natural del terreno favoreció su defensa. Dos elevaciones rocosas avanzan hacia el mar y, según la historia publicada por Hellenic Heritage, las primeras fortificaciones se remontan al periodo bizantino medio, cuando el núcleo de Corfú ocupaba la península. El nombre griego Koryfó, relacionado con una cima, se asocia al origen de la denominación Corfú. A partir del siglo XV, el dominio veneciano transformó las defensas: la posición de la isla, en la entrada del Adriático, tenía un valor estratégico. Los venecianos reforzaron las alturas oriental y occidental y abrieron un foso que separó la península de la ciudad, convirtiendo el acceso en un paso controlado sobre el agua.