Wadi Rum suele presentarse mediante sus arenas rojas, acantilados monumentales y escenarios cinematográficos, pero su importancia es mucho más profunda. En más de 74.000 hectáreas del sur de Jordania, desfiladeros, arcos naturales, cavernas y macizos de arenisca conservan pruebas de desplazamiento y asentamiento humano durante 12.000 años. La UNESCO inscribió el área protegida en 2011 como Patrimonio Mundial mixto, natural y cultural.
El viento, el agua y el levantamiento geológico crearon rampas, torres, arcos y superficies erosionadas que definen Wadi Rum. La UNESCO reconoce la excepcional belleza natural del desierto bajo el criterio (vii), mientras sus criterios culturales documentan la larga interacción entre comunidades y un entorno árido. Unas 25.000 figuras rupestres y 20.000 inscripciones registran sociedades sucesivas y aportan pruebas sobre el desarrollo temprano de la escritura alfabética.