La primera lección de Český Krumlov es dejar que el río marque el paso. El Moldava dibuja una curva profunda alrededor del casco antiguo, y las calles siguen su contorno hasta un castillo que domina los tejados. Desde un puente o un paseo junto al agua, el lugar no parece una suma de monumentos, sino una ciudad cuya historia todavía se lee en su crecimiento.
El castillo se estableció en el siglo XIII y la primera mención escrita de la ciudad data de 1253. Durante casi tres siglos, los Rožmberk hicieron de Krumlov un centro político y cultural regional, ampliando la residencia y dejando una huella renacentista en sus patios e interiores. La propiedad pasó a los Eggenberg en 1622 y a los Schwarzenberg en 1719; esta última familia la conservó hasta 1947. La sucesión no es aquí una lista abstracta: se percibe en el paso de la piedra medieval a la decoración renacentista y las salas barrocas.