En las laderas del cerro Bernal, también llamado cerro de los Metates, la zona arqueológica de Quiahuiztlán mira hacia la planicie costera del centro de Veracruz. Su nombre procede del náhuatl y suele traducirse como «Lugar de la lluvia». No fue únicamente un cementerio: el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la describe como un asentamiento totonaco que reunió funciones urbanas, funerarias y defensivas. Desde esta altura se domina un corredor costero fértil.
El INAH sitúa el sitio en el municipio de Actopan, a unos 30 kilómetros al norte de Cempoala, y señala el cerro Bernal como referencia geográfica. Una publicación institucional más reciente también lo llama cerro de los Metates, por la cantidad de esos objetos recuperados allí. Desde la altura, la vista se abre hacia la planicie litoral y el área vinculada con la antigua Villa Rica. El paisaje forma parte de la experiencia, pero los vestigios son el motivo de la visita: plataformas, edificios ceremoniales, un juego de pelota y tumbas construidas con cuidado ocupan la ladera.