La Catedral de Morelia se eleva sobre la plaza central de una ciudad conocida por su piedra volcánica rosada, sus calles amplias y su centro histórico cuidadosamente trazado. Sus torres son una de las imágenes más reconocibles de la capital michoacana, pero el edificio es más que un fondo fotográfico: registra el traslado de la sede eclesiástica regional, las aspiraciones de la Valladolid colonial y siglos de construcción y adaptación. Su historia se entiende mejor junto con la ciudad que la rodea, inscrita por la UNESCO como Patrimonio Mundial en 1991.
La actual Morelia fue fundada con el nombre de Valladolid. El catálogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documenta que la sede catedralicia pasó de Pátzcuaro a Valladolid en 1580, después de un decreto emitido en 1579. El traslado situó la principal iglesia dentro de un centro administrativo en crecimiento. Décadas después comenzaron los planes para levantar otra catedral, reflejo de la expansión urbana y de la necesidad de un edificio monumental acorde con su función religiosa.